03
Oct
09

Post de disculpa

Lamento tener esto tan abandonado, pero no creáis ni por un momento que Norah, Eulalio, Margari y el resto se me van de la cabeza en ningún momento. Simplemente, tengo demasiado Cambridge en las venas como para ponerme a escribir sobre algo que no sea mi propia vida.

Espero poder volver pronto…

15
Sep
09

11) el aniversario

A Margari le despertó un potente y delicioso olor a bizcocho pocos minutos antes de que sonase el despertador. Aún olfateando incrédulamente se levantó de la cama, se calzó la bata y las desgastadas pantuflas y se dirigió a la cocina, que, como era lógico pensar, era la fuente de aquel aroma. Su nieta la saludó con una radiante sonrisa.

-¡Buenos días, abuela! Y muchas felicidades -dijo Norah, mientras se afanaba por sacar el bizcocho del molde.

Margari aún estaba un poco desorientada por los efectos del mal dormir y no conseguía comprender.

-¡Yaya! -exclamó su nieta con tono de reproche-. ¡Que hoy es vuestro aniversario! Hoy hacéis cuarenta y cinco años de casados, que se dice pronto.

Margari consultó de un vistazo el calendario que colgaba sobre la mesa de la cocina. Cierto. Con tantdespertadoras cosas en la cabeza se le había olvidado, pero aquel día era su aniversario de boda. “¿Cuarenta y cinco años ya? Por Dios, toda una vida”, se dijo mientras el sonido del despertador le taladraba los oídos. Se dirigió mecánicamente hasta el fregadero, cerca del cual llevaba escurriendo la cafetera sobre una arrugada balleta de cocina desde el día anterior.

-Quita, quita -dijo Norah, quitándosela de las manos-. Hoy el desayuno lo preparo yo, yaya. Siéntate a la mesa y bébete el zumo. Si necesita un poco de azúcar me lo pides.

En ese momento apareció Eulalio con el inmaculado pelo totalmente alborotado. Norah se acercó a él y le dio un chirriante beso en la hundida mejilla.

-¡Felicidades, yayo!

Eulalio miró a su esposa, mudo de estupor, en busca de una explicación.

-Esta niña, que está loca. Resulta que hoy hacemos cuarenta y cinco años de casados, y me parece que es la única que se ha acordado…

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14
Sep
09

10) diagnósticos

-Buenas tardes, doctor. Muchísimas gracias por venir tan rápido.

-Un placer, como siempre, Antonia. La verdad es que no tiene usted muy buen color.

-No, si no lo he hecho venir por mí. Es por mi cuñado. Mi hermana y él han venido hoy del pueblo y Eulalio se ha desmayado dos veces. Seguramente no será nada, pero creí que lo mejor sería llamarlo a usted -añadió con cierto tono de disculpa.

-Desde luego. Ha hecho usted muy bien -la tranquilizó el doctor, con una franca sonrisa.

 Antonia lo hizo pasar al saloncito, donde Eulalio, ya recuperado, reposaba en el sofá. Margari estaba a su lado, sentada muy cerca de él, y le acariciaba suavemente la mano.

-Margarita, por favor, apártate un poquitín que me das mucho calor.

Su mujer obedeció y optó por sacar del bolso el abanico, no fuera a desvanecerse otra vez. Ambos se pusieron en pie al ver al médico.

-Buenas tardes, doctor -saludaron casi al unísono.

-Por favor, siéntense -pidió el médico mientras daba la mano a Eulalio-. ¿Qué tal se encuentra?

-Mejor, mucho mejor, doctor. No sé qué me ha pasado.

-Bueno, no se preocupe, que para eso estoy yo aquí. ¿Tal vez podría reconocerle en un lugar más… privado? -preguntó, dirigiéndose a Antonia.

-Claro, no faltaba más. Sígame al dormitorio de invitados.

El doctor Carreras auscultó a Eulalio concienzudamente, tanto por el pecho como por la espalda. No quería alarmarle, pero era necesario que lo viera un especialista. Un cardiólogo. Probablemente no sería nada grave, pero había que descartar posibles anomalías. Por supuesto, él podía recomendarles un muy buen profesional, el doctor Sinde, e incluso telefonearía a su consulta al día siguiente temprano para que les dieran cita cuanto antes, puesto que sólo estaban en la ciudad de visita. Eulalio pidió al médico que le explicara a su mujer que sólo era una revisión rutinaria, “para que no se preocupara”. Aunque Margari, que no tenía un pelo de tonta, no pudo evitar hacerlo. Pero no dijo nada.

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11
Sep
09

9) ventanitas emergentes

No se lo podía creer. Hacía siglos que lo había agregado y jamás se había conectado. Pero ahí estaba. Ahí surgía de la nada, por fin, aquella ventanita azul que indicaba que Iker se había conectado al “Messenger”. A Norah le empezó a entrar mucho calor y se quitó el jersey. Resoplaba de puro nervio. ¿Qué podía decirle? ¿“Hola”? Qué soso. Aunque, para soso, el otro, que no tenía más que su nombre puesto en el “nick”. Sus dedos volaron sobre el teclado para comunicarle a su mejor amiga la noticia.

-tia, q sa conectao!!!!! :-O

-kn? :-S

-cm q kn!!!!???? kn va a sr?? IKER!!! :-D

-no jodas!!! q fuert q fuert q fuert q fuert!!!! las ablao ya??

-no!! s q q le digo????? :-S

-pues yo q se tia, ola, yo q se

Otra ventana emergente, esta vez del “Messenger Plus!”, la avisó de que Iker se había desconectado.

-laura tia q sa pirao!!!!! :(

-ya??? jodr q bala…messenger1

-ya vs… jodr tnia q habrl hablao… :( :(

-pos si tronca ya t lo e dixo yo :-P

-cayate zorra jajajajjajaja

-cayate tu puta jajajajajjjajajaja

-ha welto!!!!!!!! :-D

-ablale YA!!!!

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04
Sep
09

8) la jornada laboral

Eulalio y Margari tenían ya perfectamente controladas qué franjas de las horas punta resultaban más rentables. Entre las 8 y las 9 de la mañana apenas hacían caja, porque la gente iba muy estresada corriendo de un lado a otro para no llegar tarde al trabajo; sin embargo, las horas de la vuelta a casa (entre las 4 de la tarde y las 9 de la noche, con sus característicos y poco variables picos de afluencia) eran mucho más lucrativas, porque todo el mundo estaba ya más relajado y de un humor mucho más benigno, a pesar de que sigueran caminando muy rápido para llegar cuanto antes a casa.

Ellos salían de la suya cuando Norah ya se había ido al instituto y volvían para la hora de comer; almorzaban los tres juntos y salían de nuevo cuando la joven se marchaba a clase de guitarra. Cuando Norah regresaba a media tarde disfrutaba del placer de tener la casa para ella sola durante el tiempo en que sus abuelos estaban “en el Centro para Jubilados”, hasta que Eulalio y Margari volvían a tiempo para preparar la cena. Solían acostarse temprano y Norah tenía la delicadeza de bajar el volumen de la televisión para que el ruido no llegara a filtrarse por las paredes y enturbiarse el pacífico sueño de sus abuelos.

ancianosbanco

Los ancianos solían hacer un pequeño descanso hacia las doce de la mañana, aunque la hora exacta variaba dependiendo de lo provechoso que estuviera resultando el día (jamás interrumpían su trabajo en mitad de una buena racha). Todos los días Margari preparaba un tupperware con fruta troceada para calmar el hambre de la media mañana. Salían del entramado del metro y se refugiaban del tumulto en el sosiego inalterable de un banco. El descanso solía ser de tres cuartos de hora, porque tenían que salir del metro, andar un buen trecho hasta encontrar un banco vacío en una calle tranquila, devorar el contenido del tupperware y volver con fuerzas renovadas hasta su posición habitual en los abarrotados pasillos subterráneos del metro de Sol. Continuar leyendo ‘8) la jornada laboral’

02
Sep
09

7) un hombre de costumbres

Esta mañana, a las 8 en punto, Antonio González Trujillo ha salido de casa dando un portazo y con un regustillo a tostada quemada en la boca. Su mujer, que por una dramática e impepinable coincidencia también se llama Antonia, se había levantado con el pie izquierdo a las 7:35 de la mañana. Incluso antes de que su marido la castigara físicamente por el terrible desliz en la preparación del desayuno, más aún, incluso antes de ponerse a regular la temperatura del grifo de la ducha, nada más poner en contacto la planta de ese mismo pie con la desagradable superficie del antideslizante con forma de huella de anca de rana, ya intuía que, varias veces a lo largo de aquel día, iba a sentirse terriblemente culpable por haber nacido.

Para las 8 horas 2 minutos Antonio González Trujillo (A.G.T.) ha comenzado a hinchar sus venas con nicotina; para cuando recorre 507 de los 509 metros que lo separan de la estación del metropolitano, casi ha termcolillasinado el cigarrillo. No le gusta dejarlo caer al suelo y aplastarlo de un pisotón, no señor. En realidad, uno de los más deliciosos placeres de la vida diaria de Antonio consiste en colocar la colilla, todavía humeante, entre los dedos pulgar e índice de su mano izquierda –no porque A.G.T. sea zurdo si no precisamente porque se esfuerza constantemente por evitar la atrofia del segmento naturalmente menos desarrollado de su musculatura– para lanzarla exactamente dos metros más adelante. Siente que su día realmente ha comenzado, y exhala un suspiro de satisfacción, cuando apaga su Ducados mañanero con la suela del zapato justo antes de comenzar a descender la escalinata del metro.

Antonio González Trujillo se considera afortunado por tener un buen empleo y se siente orgulloso de ser el sustentador único del pequeño núcleo familiar que conforman Antonia y él. El suyo es, por cierto, un trabajo poco común –o, al menos, poco conocido por el gran público–: A.G.T. es visionador. Esto es, que se ocupa de visionar las cintas de las cámaras de seguridad instaladas en los cajeros automáticos de bancos y entidades similares. La empresa de circuitos cerrados para la que trabaja ofrece a sus clientes el servicio extra de controlar los vídeos de los aparatos que están bajo su supervisión. Así, todos los días, en turnos rotativos de 8 horas, Antonio se dedica a inspeccionar, con su escrupulosidad característica, las secuencias captadas por diferentes cámaras de seguridad en todos los barrios de la ciudad. Es un trabajo rutinario y hasta se podría decir que aburrido, porque aun cuando le parezca ver algo sospechoso en alguno de los vídeos lo único que el protocolo de actuación le permite hacer es marcar el número de la Policía.

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02
Sep
09

6) la bitácora de los recuerdos

Había asimilado los principales acordes mayores con increíble facilidad. Sus pequeños deditos volaban sobre los trastes dibujando las posiciones de manera más perfecta cada vez, regodeándose en su recién adquirida habilidad.

–More, daddy, more !

–Don’t be that impatient, darling! You have to improve first. Don’t you hear that buzzing sound? That’s because you have to press the strings harder .

–But it hurts –se quejó la niña.

Su padre sonrió.

–You’ll have to bear it if you want to be the best guitar player in the world. But if you don’t want to, we can give it up now .

Y, a pesar de los dolorosos callos que irían fortaleciendo sus pequeñas manos, Norah jamás volvió a quejarse. A menudo, cuando practicaba, la niña murmuraba para sí “Good girl, you’re a good girl ” del mismo modo en que solía animarla su padre, que la escuchaba desde la cocina entre divertido y admirado por su determinación.

Sin embargo, a sus quince años Norah estaba empezando a renunciar a la megalómana idea de ser la mejor guitarrista del mundo. A pesar de seguir practicando a diario, era consciente de sus limitaciones y sabía que nunca pasaría de tocar como para un notable: “los mejores” eran los que nunca bajaban de la matrícula de honor. De todos modos, desde aproximadamente un año su interés estaba derivando cada vez más hacia la composición de letras, aunque todavía no se sentía lo suficientemente orgullosa de ningún tema como para compartirlos con el resto del grupo. El verano anterior había desempolvado unos libros de poemas que habían sido de su madre y había amenizado las calurosas tardes en la cárcel de su habitación devorando pequeñas joyas de Benedetti, Neruda, Borges e incluso Bécquer. Le gustaban, pero sentía que tenía que haber algo más, algo diferente, y así descubrió la obra de poetisas tanto en lengua inglesa como castellana (Sylvia Plath y Miriam Reyes entre otras).

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30
Ago
09

5) caricias color malva

La primera vez que Eulalio montó en metro se desmayó. Lo hizo tan silenciosamente, con la misma consideración con la que acostumbraba a hacer todo, que Margari aún siguió hablando durante casi un minuto hasta que un ovejasviajero la alertó de que su marido yacía espatarrado en el suelo.

Cuando miró hacia abajo y lo vio tan pálido e indefenso Margari se quedó lívida: aquél era el color que debían de tener los muertos. Se agachó a su lado y trató de espabilarlo palmeándole las mejillas, evitando mirar aquella inquietante franja blanca que translucían sus párpados entornados. Aquel mismo viajero, solícito, ayudó a Eulalio a levantarse cuando éste volvió en sí. El matrimonio salió del metro bajo la atenta mirada de varias decenas de pares de ojos y Margari se enojó consigo misma por sonrojarse tanto; aquellas gentes de ciudad eran estúpidas como ovejas -salvo honrosas excepciones-.

Habían ido a Madrid a visitar a Antonia, la hermana pequeña de Margari. Antonia llevaba casada poco más de un año, el mismo tiempo que llevaban las dos hermanas sin verse: la pequeña no había podido ir al pueblo para las Navidades anteriores porque a su marido le había dado un inoportuno ataque de apendicitis. Desde que la pequeña se marchó ambas habían intentado mantener el contacto: se escribían cartas de vez en cuando (aunque ambas estaban demasiado ocupadas como para poder hacerlo asiduamente, pues era algo que requería tiempo y paciencia) y se llamaban por teléfono cada dos semanas. Sin embargo, hacía más de un mes que no hablaban porque el marido de Antonia había decidido retirar el aparato, y sólo un par de veces había podido ésta llamar a su hermana desde una cabina telefónica. Hacía un par de semanas que Margari le había mandado una carta para avisarla de que irían a visitarles aquel día, pero como no había recibido respuesta no sabía si la habría recibido, ni si la fecha les vendría bien. Pero no tenía otra forma de contactar con ella. Lo cierto era que tenía muchas ganas de verla: la última vez le había contado que se había cortado la melena y estaba impaciente por comprobar cómo le sentaría.

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25
Ago
09

4) la primera vez

–¡Ay, tía! ¿Y qué tal fue? ¿No estabas súper nerviosa?

–…

–Pero disimularías, ¿no? ¡Espero que no se diese cuenta de que te temblaban las piernas!

–…

–Y ¿te dolió mucho? Es que a mí no me dolió nada de nada.

–…

–Ya… Bueno, pero dame detalles, ¡detalles! ¿Dónde lo hicisteis?

–…

–¡En la cama de sus padres! Qué flipe (risas). Oye, pero ¿no se mancharía nada, no?

–…

–Y las gomas, ¿quién las llevo? ¿Iker o tú?

–…

–¿QUÉ? ¿Cómo que lo hicisteis sin condón? Pero ¿¿qué me estás contando, tía??

–…

–Norah, tú eres tonta: ¡da igual que él diga que “controla”! ¿Qué va a controlar? ¡¡Que la marcha atrás puede salir mal!

– (silencio).

–Además, ¿no sabes que antes sale una cosa que se llama líquido preseminal o algo así y que eso también te puede dejar embarazada?

–…

–…Joder, qué capullo.

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25
Ago
09

3) piezas de puzzle

puzzle

–Madre.

–¿Sí?

–¿Qué es lo que pasa en la noche de bodas?

Margari tenía trece años y aún conservaba intacta su inocencia, por lo que se sorprendió ante el rubor que tiñó súbitamente el rostro de su madre, a quien la espinosa cuestión le había pillado totalmente por sorpresa. La niña sabía que algo “raro” le ocurría a la mujer en la primera noche de casada, por ciertos inconexos retazos de conversación que había captado una tarde en que la tía Mercedes había ido a tomar café a casa.

–Nada, hija, ¡qué va a pasar! –respondió enérgicamente su madre, para ganar algo de tiempo.

Pero Margari volvió a atacar.

–No lo sé. Algo. Josefina me ha contado que su hermana se casó asustadísima, “por lo de la noche de bodas”.

–Bueno, niña, ¡ya está bien! –exclamó su madre, con los dedos crispados en torno a la labor que tenía entre manos–. Éste no es tema de conversación para una jovencita. Ya verás cómo es cuando te llegue el momento, y punto. No quiero oír hablar más del asunto.

Y Margari cerró la boca, que había abierto para iniciar el contraataque; las últimas palabras de su madre dejaban bien claro que no debía sacar el tema nunca más si no quería ganarse una bofetada de las que picaban durante horas.

Sin embargo, mientras yacía en aquella enorme y fría cama estrujando nerviosamente una esquina del camisón, Margari se arrepentía desesperadamente de no haberle insistido más a su madre. No podía soportar más la aterradora incertidumbre de lo que iba a pasarle de un momento a otro y rezaba a Dios para que la ayudase en aquel trance que intuía como penoso. A la Virgen Santísima le rogaba que Eulalio no terminara de desvestirse nunca, pero hacía tanto frío que él se dio toda la prisa que pudo y en menos de un minuto ya se estaba arrebujando entre aquellas sábanas que llevaban primorosamente bordadas las iniciales de ambos. Igual él creía que estaba dormida.

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Paula Zumalacárregui Martínez

contraportada o “¿de qué va esto?”

pues esto va de la convivencia, forzada por las circunstancias, entre una adolescente y sus abuelos.

se trata de una NOVELA EN PROCESO DE CREACIÓN que trata de contar las historias entremezcladas de estos tres personajes y de los que les rodean, y de cómo estos irán estrechando distancias que parecían abismales para poder sortear los baches con los que la vida a menudo intenta provocarnos accidentes.

...o, al menos, esto es lo que he tenido en mente al comenzar: los designios de los textos, que gozan de vida propia, son inescrutables.

instrucciones de uso:

· lea detenidamente estas instrucciones
· empiece la lectura por el final del blog, a partir del "prólogo poético", que corresponde con el comienzo de la narración.
· en caso de duda, consulte con su farmacéutico (que le haga caso ya es otra historia).

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ilustración de la cabecera, por Paco de Cáceres (http://pacodecaceres.com).